Un entorno económico más exigente
El segundo semestre de 2026 estará marcado por un escenario retador para hogares, empresas e inversionistas. Con la tasa de interés de política monetaria en 12%, tras el ajuste de 75 puntos básicos del Banco de la República, y con presiones sobre déficit fiscal y deuda pública, la confianza y la liquidez se convierten en variables críticas.
La inflación anual se ubicó en 5,8% en mayo (inflación básica de 6,0%), aún lejos de la meta del 3%. Este endurecimiento monetario impacta directamente en el costo del crédito, el consumo y la inversión.
Tres frentes de impacto económico
Endeudamiento
Hogares: créditos de consumo, tarjetas y vivienda más costosos.
Empresas: mayores cargas en capital de trabajo, refinanciaciones y obligaciones a tasa variable.
Riesgo: incremento en mora y criterios más estrictos de financiamiento.
Consumo
Hogares más selectivos y cautelosos.
Empresas enfrentan mayor sensibilidad al precio y necesidad de ajustar inventarios y proyecciones comerciales.
Inversión
Proyectos deben demostrar retornos más sólidos para ser viables.
Evaluación estricta en expansión, tecnología y activos de largo plazo.
Cuatro pilares para la planeación financiera
Según KPMG Colombia, la disciplina financiera será clave en este semestre:
Revisión del endeudamiento: identificar pasivos a tasa variable, anticipar vencimientos y explorar refinanciaciones.
Protección de la caja y liquidez: presupuestos austeros en hogares; optimización de inventarios y recaudo de cartera en empresas.
Evaluación estricta de inversiones: pruebas de estrés sobre retorno, plazo y riesgo.
Monitoreo de señales fiscales y monetarias: inflación, déficit fiscal (cercano al 6% del PIB), deuda pública (superior al 60% del PIB) y confianza de los mercados.
Resiliencia como ventaja competitiva
“Disciplina financiera no significa dejar de consumir, invertir o crecer. Significa hacerlo con mayor criterio”, afirma Fabián Echeverría, Socio Risk Consulting de KPMG en Colombia.
El segundo semestre será decisivo para que hogares y empresas fortalezcan su resiliencia financiera, protejan liquidez y optimicen estructuras de costos. En un entorno de tasas altas y presión fiscal, la prudencia no es pausa: es una estrategia para tomar mejores decisiones y preservar la estabilidad patrimonial.