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Opinión

15 millones de registros clínicos ponen a prueba la continuidad digital del sistema de salud

La historia clínica interoperable llega al relevo presidencial con más de 15 millones de resúmenes digitales transmitidos, y una pregunta para el próximo Gobierno: si podrá sostener una infraestructur...

Diana Dorado 16/07/2026
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16 de julio de 2026 por
15 millones de registros clínicos ponen a prueba la continuidad digital del sistema de salud
Diana Dorado
Diana Dorado
Diana Dorado

Redacción

16/07/2026

La historia clínica interoperable llega al relevo presidencial con más de 15 millones de

resúmenes digitales transmitidos, y una pregunta para el próximo Gobierno: si podrá

sostener una infraestructura tecnológica que promete que los datos médicos acompañen a cada persona cuando cambie de ciudad, clínica o médico.

Por: Dorian Rallón, CEO de Biofile

Colombia llega al cambio de mando presidencial con una tarea: evitar que la historia

clínica interoperable se pierda en el empalme. Mientras la discusión se concentra en

deudas, giros, EPS y reformas, otro frente pone a prueba la capacidad digital del Estado:

impedir que la información médica quede atrapada en una institución o en sistemas

incapaces de comunicarse.


La comparación ayuda a entender el reto. Vi la conferencia de desarrolladores de Apple.

Lo que más me llamó la atención no fueron los dispositivos, sino la promesa de que la

información del usuario esté disponible en distintos equipos, con seguridad y privacidad. Si una foto aparece en el celular, el computador o la tableta, ¿por qué un antecedente

médico no debería estar disponible para quien atiende una urgencia?

Aquí, sin embargo, no se trata solo de sincronizar archivos. Hay que conectar hospitales,

clínicas, laboratorios, aseguradores y plataformas de proveedores distintos. Interoperar

exige que los sistemas puedan identificar, entender, proteger y presentar la información de forma útil para una decisión médica.

La historia clínica electrónica interoperable no empezó ayer. La Ley 2015 de 2020 abrió el camino para compartir datos clínicos entre actores autorizados. Después, el Ministerio de Salud definió qué información debía circular y, mediante la Resolución 1888 de 2025,

adoptó el Resumen Digital de Atención en Salud, para que cada atención deje una ficha

mínima, estandarizada y consultable.

El plazo clave fue el 15 de abril de 2026, cuando los actores obligados debían integrar sus sistemas al modelo. Desde entonces se han transmitido más de 15 millones de RDA. La cifra debe certificarse en el empalme, pero demuestra que Colombia ya empezó a construir una de sus infraestructuras de datos más sensibles.

La prueba real está en el paciente

La interoperabilidad parece técnica, pero su impacto es cotidiano. Muchos pacientes

cargaron radiografías en sobres de manila, repitieron exámenes porque una clínica no

accedía a los resultados de otra o reconstruyeron de memoria sus medicamentos. Esa

fragmentación cuesta tiempo, dinero y puede afectar decisiones médicas.

El nuevo modelo busca que la información relevante acompañe al paciente. Un adulto

mayor que no recuerda sus medicamentos, una persona con una enfermedad crónica que cambia de ciudad o alguien que llega inconsciente a urgencias no deberían empezar de cero en cada IPS.

Pero no basta con contar registros transmitidos. También importa saber cuántos pueden

consultarse oportunamente, cuántos llegan completos, qué instituciones presentan fallas

de conexión y quién accedió a la información. La tecnología debe medirse por su

capacidad para resolver necesidades, no por el volumen de datos que circula.

Por eso, el empalme no debería limitarse a balances financieros. El equipo entrante tendría que saber cuántos prestadores están conectados, dónde avanza más lento el proceso, qué fallas se han detectado, cómo se protegen los datos y qué presupuesto garantiza la operación.

También debería conocer la respuesta ante una caída del servicio o un ataque informático, y si las instituciones pueden cambiar de proveedor sin perder información. La continuidad asistencial depende de la continuidad tecnológica.

Hay un punto sensible: los medicamentos. Una instrucción del Ministerio de Salud ordenó

registrar de manera interoperable la prescripción, el direccionamiento, la dispensación y el suministro de medicamentos financiados con la UPC. Traducido: el sistema debería saber qué formuló el médico, dónde debía entregarse, si se entregó y en qué punto se rompió la cadena.

Ese cambio tiene valor práctico. Ante las quejas por demoras, faltantes y vueltas

innecesarias para recibir tratamientos, la trazabilidad permitiría pasar de denuncias

dispersas a una radiografía del problema. También ayudaría al Estado a dirigir recursos,

reforzar la atención y apoyar a las regiones rezagadas.

El riesgo es que el relevo político frene un proceso. La información clínica no cambia con la banda presidencial. Diagnósticos, tratamientos y controles siguen su curso, aunque cambien ministros. El nuevo Gobierno deberá mantener la continuidad, reforzar la ciberseguridad, exigir transparencia sobre los datos sensibles y evitar que esta política se fragmente entre plataformas incompatibles.

La noticia de fondo no es que Colombia tenga una nueva plataforma. Es que está construyendo una infraestructura digital capaz de hacer que la información llegue antes que el paciente a la consulta, la urgencia o la farmacia. Si se sostiene, habrá menos barreras, mejores decisiones y atención más oportuna. Con reglas claras y datos de calidad, también podrá impulsar analítica e inteligencia artificial. Si se pierde, el costo no será solo tecnológico: lo pagarán los pacientes.