Decisiones clave en 2026
Febrero marca el inicio de un ciclo decisivo para las compañías colombianas. En las próximas semanas, las asambleas generales definirán estrategias, prioridades y liderazgos para el año. Sin embargo, muchas juntas directivas siguen aplazando una transición que ya no es simbólica, sino estratégica: alcanzar un balance de género en los máximos órganos de gobierno.
En Colombia, aunque la participación femenina en juntas ha crecido, el avance continúa siendo lento frente a las exigencias del mercado global. Según el Centro de Estudios en Gobierno Corporativo del CESA, de mantenerse la tendencia actual, el país tardaría décadas en lograr un equilibrio real. La pregunta para los accionistas es inevitable: ¿puede una empresa en 2026 permitirse ignorar el talento y la visión del 50 % de la población?
El costo de la homogeneidad
La evidencia demuestra que el balance de género trasciende la conversación social y se convierte en un factor directo de competitividad y sostenibilidad corporativa. Estudios de McKinsey & Company y Boston Consulting Group (BCG) confirman:
- Rentabilidad: las empresas con juntas balanceadas tienen hasta un 25 % más de probabilidades de superar el desempeño financiero promedio de su industria.
- ESG y transparencia: el liderazgo diverso incrementa en cerca de 50 % la divulgación de información ambiental, social y de gobierno, clave para atraer capital internacional.
- Innovación: las compañías con modelos de gobierno diversos registran ingresos por innovación 19 % más altos, al reflejar mejor las necesidades de una sociedad plural.
Gobernanza sólida en tiempos de incertidumbre
Más allá de los resultados financieros, el balance de género fortalece la gestión de riesgos. En entornos volátiles, la diversidad en las juntas promueve debates más sólidos y reduce el sesgo del “pensamiento de grupo”. La multiplicidad de perspectivas permite anticipar amenazas, evaluar escenarios con mayor rigor y responder con agilidad a crisis externas.
Este debate cobra especial relevancia en Colombia entre febrero y marzo, cuando se configuran los liderazgos que operarán durante el año. Las decisiones que se tomen hoy tendrán un impacto directo en la resiliencia corporativa y en la reputación frente a inversionistas y consumidores, quienes ya no validan liderazgos homogéneos.
Un llamado a la acción estratégica
La invitación para las juntas directivas es clara: evaluar si su composición actual les permite comprender la complejidad del entorno en el que operan. Las organizaciones con participación femenina nula o marginal están, por definición, tomando decisiones con una visión incompleta de riesgos y oportunidades.
Acelerar el progreso no es una consigna, es una decisión de alta gerencia. Para el empresariado colombiano, la competitividad del futuro se define hoy, alrededor de la mesa de la junta directiva.