Un tablero complejo para las empresas
En el dinámico escenario del comercio exterior colombiano, donde las importaciones crecieron un 11,4 % en el último año, el éxito empresarial ya no depende únicamente de la logística, sino también de la eficiencia financiera. Sin embargo, para la mayoría de gerentes y dueños de compañías, mover capital entre fronteras sigue siendo una operación costosa y opaca, un freno invisible para el crecimiento.
El “eslabón débil” de la integración económica
El Consejo de Estabilidad Financiera (FSB), en su reporte consolidado de 2025 para el G20, advierte que los pagos transfronterizos continúan siendo el eslabón débil de la integración económica. Los costos operativos en mercados emergentes pueden alcanzar hasta un 7 % del valor transaccionado, cifra que el Banco de Pagos Internacionales (BIS) define como una barrera sistémica para el crecimiento global.
Asimetrías operativas: los puntos de fricción
La firma de infraestructura financiera VANK identifica tres pilares de ineficiencia que comprometen la competitividad de las compañías con vocación global:
Erosión de rentabilidad por intermediación y diferencial cambiario: el modelo tradicional de banca corresponsal introduce capas de costos que afectan la rentabilidad neta.
Asincronía en la liquidación: periodos de 2 a 5 días generan una “parálisis de liquidez”, retrasando la liberación de mercancías y aumentando sobrecostos logísticos.
Fragmentación de la arquitectura de tesorería: la gestión de múltiples divisas en ecosistemas desconectados impide a los CFO tener una visibilidad unificada de la caja, dificultando la cobertura frente a la volatilidad.
La visión estratégica de VANK
“Es una contradicción que hoy una empresa en Bogotá pueda monitorear un contenedor en tiempo real, pero deba esperar días para que su pago sea liquidado por una red de bancos corresponsales que opera bajo una lógica del siglo pasado. El ‘impuesto invisible’ del 7 % no es solo un gasto operativo; es, en muchos casos, la diferencia entre la expansión o el estancamiento de un importador o exportador”, afirma Mardiros Daghinian, CEO de VANK.
Para el directivo, la solución no está en añadir más capas de intermediación, sino en la unificación de la infraestructura financiera.
“La competitividad en 2026 ya no se define solo por el producto, sino por la agilidad de los rieles financieros que lo movilizan. Estamos impulsando una arquitectura donde la frontera entre lo local y lo internacional desaparece, permitiendo que las empresas operen con la misma eficiencia en pesos, dólares o cualquier divisa global, recuperando así el control total de su capital de trabajo”, concluye Daghinian.
Eficiencia financiera como ventaja competitiva
El comercio exterior colombiano enfrenta un reto estructural: reducir el costo oculto del 7 % en operaciones internacionales. La modernización de la infraestructura financiera y la eliminación de fricciones en tesorería serán claves para que las empresas puedan competir en igualdad de condiciones en el mercado global.