De lo técnico a lo humano en ciberseguridad
Durante años, la ciberseguridad se entendió como un problema técnico: firewalls, parches y detección de malware. El atacante era visto como un experto en sistemas. Hoy esa imagen quedó obsoleta. Los ataques más efectivos ya no dependen de vulnerabilidades de software, sino de algo más cotidiano: la forma en que las personas deciden, confían y responden a un mensaje.
Hackers que piensan como marketers
Los ciberdelincuentes han incorporado conceptos clásicos del marketing digital: prospección, segmentación, personalización y secuencia.
- Analizan roles, lenguaje, publicaciones y horarios de la víctima.
- Adaptan el mensaje al “público objetivo”.
- Construyen narrativas coherentes que generan confianza antes de atacar.
El phishing moderno ya no parece phishing: se asemeja a una campaña de marketing bien ejecutada.
Inteligencia artificial como acelerador
La IA potencia esta evolución al:
- Identificar disparadores emocionales.
- Ajustar el tono del mensaje.
- Elegir el canal más efectivo.
Un primer contacto puede ser inofensivo —un correo informativo o una invitación profesional—, pero busca algo más valioso que credenciales: confianza y familiaridad. Luego llegan los siguientes “toques”: mensajes coherentes que introducen urgencia o autoridad, diseñados para evadir controles tradicionales.
La respuesta empresarial: entrenar y proteger personas
Frente a este escenario, las organizaciones necesitan evolucionar:
- Campañas de entrenamiento continuo para empleados, que simulen ataques reales y desarrollen criterio.
- Monitoreo avanzado de suites de colaboración empresarial, donde se concentra gran parte del riesgo.
- Operaciones de Seguridad (SecOps) capaces de reducir drásticamente los tiempos de detección, contención y respuesta.
Cada minuto cuenta cuando el ataque es narrativo y sostenido en el tiempo.
La nueva frontera de la ciberseguridad
La protección ya no pasa solo por sistemas, sino por personas. Se requiere una visión integrada: plataformas de ciberseguridad que unifiquen visibilidad, inteligencia y respuesta, al ritmo de adversarios que entendieron algo fundamental: influir es tan poderoso como explotar.