La participación como eje de justicia territorial
Los estudios de impacto ambiental y social no deben limitarse a consultar a las comunidades: deben incluirlas desde el diseño y la ejecución. Solo así se logra comprender la realidad territorial y avanzar hacia una transición energética justa, que respete la vida, la cultura y la espiritualidad de los pueblos.
La experiencia de la comunidad Wayuu del ei´ruku Ipuana en Cabo de la Vela refleja esta visión. Desde los primeros diálogos con AES Colombia y posteriormente con Ecopetrol, se ha insistido en que los proyectos eólicos deben construirse con información clara, participación genuina y respeto por los tiempos culturales.
La matriz comunitaria de impactos
Ante la falta de claridad en los estudios iniciales, la comunidad elaboró su propia matriz de impactos y medidas, con el apoyo de profesionales en ingeniería ambiental, economía y derecho. Este ejercicio permitió integrar dimensiones culturales, espirituales, sociales y ambientales que suelen quedar invisibles en los análisis técnicos.
“Hablar de impactos no es solo hablar de dinero, es hablar de la vida, de las personas, de los animales y de nuestra conexión espiritual con la tierra”, señalan los líderes Wayuu.
La matriz comunitaria fue acogida por Ecopetrol, lo que abrió un espacio de diálogo más amplio y reconoció el valor del conocimiento local como parte esencial de la gobernanza energética.
Aprendizajes desde el intercambio intercultural
La participación en el diplomado “Diálogo intercultural, energía eólica y participación comunitaria” en Brasil permitió a los líderes Wayuu compartir experiencias con comunidades indígenas como los Mendonça–Potiguara. Allí se reafirmó que la tierra es un ser vivo y que la dignidad no se negocia.
Este intercambio mostró que los parques eólicos no son solo proyectos de energía, sino decisiones que afectan la vida, la espiritualidad y la cultura de los pueblos. Por ello, la transición energética debe ser también una transición social y cultural, donde las comunidades participen de los beneficios y no solo de los impactos.
Hacia un modelo de gobernanza energética desde el territorio
La experiencia en La Guajira demuestra que:
- Los proyectos deben incorporar sabiduría ancestral y conocimiento local.
- La compensación debe ser justa y proporcional al valor del territorio.
- La consulta previa debe ser un proceso de diálogo real, no un trámite.
- La transición energética solo será legítima si incluye justicia social y cultural.
Energías que construyen dignidad
Cuando las empresas integran la voz de las comunidades en sus matrices de impacto, se configura un nuevo modelo de gobernanza energética desde el territorio. Escuchar a las comunidades no es una concesión, es el primer paso hacia un país más justo, con energías renovables que construyan dignidad y futuro compartido.